Los hijos y los límites

Los hijos y los límites
por Jaime Barylko

# 2153 – Ensayo psicológico

Jaime Barylko fue un ensayista y pedagogo argentino. En este libro trata de la importancia de los límites, que en el siglo pasado (XX) se relajaron o se dejaron de lado en la educación, pensando erradamente que los límites cercenaban la libertad.

Libro – Los hijos y los límites

w_Jaime-Barylko-Los-hijos-y-los-limitesEl siglo pasado, nos dicen, fue el siglo de los niños, y se dejó que su majestad el niño determine cuál ha de ser su rumbo, su destino. Y padres y maestros se corrieron a un costado para dejar pasar a su majestad el niño, el adolescente, el joven, el nuevo mundo y el mundo de lo nuevo. Y más no hicimos que corrernos, creyendo que de esa manera les dábamos la tan preciada libertad.

Quisimos ser modernos, terminamos siendo nadie. “Nadie” es un ser difuso, desprovisto de una línea que demarque su identidad. Los límites, lo que todos hemos perdido —nuestros hijos porque no los conocieron, nosotros porque nos desprendimos de ellos—, los límites son las coordenadas de los valores, de las creencias, de los modales, de las maneras y —en fin— de las reglas de la existencia y de la coexistencia. De la identidad. Por ellos uno es o puede llegar a ser “alguien”.

Vivir es vivir entre límites, en algún encuadre, entre horizontes. Dentro de ese espacio germina y se desarrolla la libertad. Interpretamos mal: creíamos que la libertad se da. No es cierto: la libertad no se da, la libertad se toma, se arranca, se conquista, se logra, se esculpe, abatiendo esclavitudes, confrontándose con límites, aceptando unos, rechazando otros, pero usándolos como referentes en el camino.

¿En qué consisten los límites? En eso, en delimitaciones del camino, en cercos protectores, en marcos contenedores y referenciales.
No son un fin en sí, son un instrumento para alcanzar fines. Cuando ellos están uno puede actuar y elegir. Hasta, si quiere, puede salirse del camino. También para salirse hay que conocer los límites.
Eso: los límites son para que pueda haber libertad. Justamente lo contrario de lo que podría pensarse: no cercenan la libertad, la otorgan.

Las rayas no son el camino, el camino está entre ellas, y dentro de ese estar entre ellas tú puedes elegir el ritmo, el movimiento, el desplazamiento, la velocidad, el rumbo, el qué, el cuándo, el cómo, y si quieres dejas de moverte, te detienes, y todo lo que tu fecunda imaginación te proponga. Lo puedes realizar sabiendo qué va adentro y qué va afuera de esos límites, de esas rayas. Y eliges.
Esa es tu libertad, y la tienes porque tienes límites.

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