Yánover dixit:

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HECTOR YANOVER (1929-2003)

“Todavía se podían encontrar lectores aventureros. Generalmente maduros, de profesiones sedentarias como relojeros, sastres o farmacéuticos que se conocían al dedillo las cuestas del Cerviño y las dificultades de la ascensión al Mont Blanc. Sabían pormenorizadamente qué equipos hacían falta para las distintas etapas que debían subir en la escalada. De algunos sabía que tenían sus roperos llenos de sogas, garfios y zapatones. ¿Quién hubiera dicho, digo, que ese relojero que uno veía sentado el día entero, manipulando pequeños instrumentos de precisión fuese, en realidad, un alpinista y que no era cierto que estuviera sentado con su pequeña pinza en la mano, sino que estaba de pie, al borde del abismo nevado? ¿Quién hubiese dicho que la concentración en que está sumido no es a causa del reloj, sino de las ráfagas de viento que le castigan el rostro, mientras permanece desafiando al ventisquero? Cuando el relojero se levanta para orinar, lo que hace es marchar hacia una cabaña de troncos a cuyas puertas sacude su abrigo y sus zapatones, mientras mira absorto cómo se congela en el aire el vaho que exhalan sus narices.
Cuando no son alpinistas son cazadores de fieras y avanzan cautelosamente detrás de los mostradores de la farmacia, entre frascos y recetas. Tienen fuerte el fusil contra el pecho, mientras ajustan la mira telescópica, controlan la precisión del guión y la carga en la recámara; colocan el índice en el arco de guardamonte y avanzan tratando de no romper ramas que ahuyenten con sus crujidos a las fieras, mientras llegan con sigilo hasta el primer descanso y ven brillar unos ojos fosforescentes. Sobre ellos, los monos se descuelgan de liana en liana emitiendo agudos chillidos que se alejan hacia un cielo cubierto de boas y de enredaderas; de pronto el estampido coincide con una campanilla que lo arroja de la selva hacia el mostrador implacable.
– ¿Señor?
– Una ampolla antiofídica, por favor.”

Héctor Yánover,  “Memorias de un librero”, pp. 102-103, Ediciones de la Flor, Ed. Galerna, Torres Agüero Editor.

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