Mujeres y lenguaje

La complejidad de la identidad psicosocial

https://i0.wp.com/revistamito.com/wp-content/uploads/2014/03/Tutu-and-Snow-White_Adam-Freidin.jpg
Más que un lenguaje diferente en hombres y en mujeres, parecen existir estrategias comunicativas distintas entre los sexos, adquiridas, generalmente de forma inconsciente, dentro de cada contexto sociocultural. El género, pues, adquiere relevancia como componente identitario, forjado en la interrelación de múltiples factores sociales e individuales.

Si existese verdaderamente un lenguaje diferente en las mujeres y en los hombres, la comprensión entre los sexos sería harto complicada. Y, en efecto, en algunos momentos así parece serlo, especialmente cuando se establecen los dichosos estereotipos “no hay quien las entienda” o “cuando dicen no en realidad quieren decir sí”, que, en boca de mujer, suponen un inconsciente machismo femenino. De este tipo de machismo se tiene un buen ejemplo en esta canción, en la que ella responde al ataque simbólico del hombre (que equipara la mujer con la tele) dando importancia a actividades femeninas que parecen existir para conseguir la felicidad masculina, es decir, no las dota de prestigio por sí mismas, como harían ciertas corrientes feministas, sino que basa su defensa de la clase sexual femenina en la idea de que sin las mujeres los hombres no podrían ni plancharse la ropa ni comer de forma saludable.

Sea como fuere, los estudios de pragmática y sociolingüística que se han encargado de relacionar género y discurso suelen llegar a la conclusión de que el lenguaje femenino tiende a ser más cortés y más indirecto que el masculino, lo que se puede traducir en que las mujeres buscan más la cooperación que la competición (esto explica qué sucede en el mundo laboral) y la captatio benevolentiae, es decir, la constante empatía en el interlocutor para conseguir su permiso a la hora de conversar con él o, simplemente, su acuerdo y aprobación acerca del tema que se trate en cada momento.

Lo cierto es que, entonces, más que de lenguajes diferentes, cabría hablar de estrategias comunicativas diferentes. En efecto, si a la mujer se la ha educado (y quizá se la siga educando) para desempeñar roles sociales distintos a los del varón, no podrá evitarse, entonces, que recurra igualmente a formas de comunicación distintas, que le permitan alcanzar sus intereses comunicativos sin dañar ni su propia imagen social ni la del interlocutor, sea este hombre o mujer. Si el interlocutor se trata de un hombre, la cautela que ella emplee puede ser aún mayor, dependiendo de lo que en cada momento pretenda arriesgar y debido a las relaciones de poder que siguen existiendo entre los sexos.

.

Evidentemente, no es lo mismo que hable una mujer con su jefe, que con un compañero de trabajo o con su madre, puesto que en cada caso las características exhibitorias de género se están entrelazando con las propiedades de jerarquía (relación jefe-empleado), solidaridad (compañero-compañera) y familiaridad (madre-hija).

Pero tampoco se pueden entender esas estrategias sin atender a la clase social o a la cultura de procedencia de los hablantes. Famosos son los malentendidos entre maridos griegos y mujeres neoyorquinas analizados por Deborah Tannen, como el siguiente ejemplo:

https://i0.wp.com/revistamito.com/wp-content/uploads/2014/03/Mckeyhan-Photographer-67.jpg
Foto: Mckeyhan Mancini

Ella: John dará una fiesta. ¿Quieres ir?
Él: Vale.
Ella: (un poco después): ¿Seguro que quieres ir?
Él: Está bien, no vamos. De todas formas, estoy cansado.

En este diálogo, ella pretende saber si su marido desea ir a la fiesta, lo que en un primer momento es considerado por él como una propuesta de asistir al evento, que él acepta por deseo propio. Pero, al insistir, ella pretende asegurarse de que él realmente quiere ir, porque la mujer no desea acudir a dicha fiesta si no es por su esposo, lo que es interpretado por él como una negación de la mujer a ir a la fiesta, de manera que añade el motivo de estar cansado para que ella no se sienta mal por rechazar acudir a la fiesta. ¿Acaso está siendo él directo y ella indirecta? Parece que ambos muestran estrategias de comunicación bastante indirectas. ¿Está siendo él descortés y ella cortés? Ambos buscan mantener la imagen social del otro intacta, por lo que intentan ser corteses, cada uno a su estilo. ¿Está buscando ella la cooperación y él la competencia? De ningún modo, puesto que su relación personal pretende, a priori, llegar a buen puerto. ¿Pretende la esposa caer en gracia a su marido? Naturalmente, pero él también busca no crear un conflicto con ella.

Vemos, por tanto, que las diferentes estrategias o estilos comunicativos de género se cruzan con los aprendidos socioculturalmente, por lo que, de momento, podemos concluir, con mucha cautela, que si hay un lenguaje femenino es porque hay un comportamiento típicamente femenino, construido en cada sociedad según las expectativas de género creadas, las cuales, a su vez, interactúan con las de clase, edad y posición social, entre otras.

.

https://i1.wp.com/revistamito.com/wp-content/uploads/2014/03/f353df5989872c7d4b8c1b140922f9a1.jpg
Little Women, Vintage 1947 Book, Illustrated Junior Library Edition, Calloohcallay

Entendemos, por tanto, que si el lenguaje es el espejo de la sociedad, y en esta se dan constantes luchas de poder (etnocéntrico, androcéntrico y “adultocéntrico”), entonces no debería sorprender demasiado que esas relaciones asimétricas se observaran también en los diferentes estilos comunicativos. La cuestión se encuentra en descubrir cuánto de género o cuánto de etnia o cuánto de clase social o cuánto de edad hay en cada estrategia discursiva, ya que la identidad social del individuo es sumamente compleja –tremendamente poliédrica– y, a la vez, sumamente subjetiva –notablemente única–, por lo que resulta complicado conformar compartimentos estanco a partir de un sentimiento que es múltiple e interactivo.

Por este mismo motivo, parece confirmarse que no podemos hablar de verdades universales, sino tan sólo de tendencias sociales, es decir, de probabilidades estadísticas: las mujeres acostumbran a expresarse de forma diferente a los hombres, en una lucha constante por no perder poder (de tenerlo) en la arena masculina de las apariencias, sin dejar de lado su esencia privada puramente femenina que, no lo olvidemos, también tiene marcadas huellas socioculturales.

Para saber más…

  • García Mouton, P. (1999): Cómo hablan las mujeres, Madrid: Arco/Libros.
  • Tannen, D. (1996): Género y discurso, Barcelona: Paidós.
  • Tannen, D. (1991): Tú no me entiendes, Buenos Aires/Javier Vergara editor. Disponible aquí.

Fuente: Patricia Fernández Martín*, Revista cultural Mito Nro. 7

(*) Licenciada en Filología Hispánica (UCM), Lingüística (UAM) y Antropología Social y Cultural (UNED). Profesora de lengua española y de español para extranjeros. Doctorante en gramática histórica del español (UCM).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s