Juego de seducción

La explosión de la novela erótica

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50 sombras de Grey despejó el tabú del género y abrió la puerta a una catarata de autoras que parece imparable. Mariel Ruggieri y Fabiana Peralta, dos debutantes con muchas seguidoras, comparten los secretos de escribir con el sexo como protagonista.

“Ven, vamos a la cama, te debo un orgasmo”, escribió hace tres años la británica Erika Mitchell bajo el seudónimo de E.L. James, y abrió la puerta al escándalo en el mundo literario. Tras décadas de oscurantismo, 50 sombras de Grey (volumen #3033 para préstamo en nuestra biblioteca) significó para la autora muchas más alegrías que la simple fantasía que despertó con su refundación de la novela erótica. Lo que sigue es posmodernidad pura: todo ocurrió en poco tiempo y sin muchas escalas. Las fantasías de algunas mujeres de clase media transcriptas al papel pasaron de ser tabú al éxito inesperado de ventas que las convirtió en el nuevo boom literario con el que las editoriales comenzaron a aumentar sus arcas.

No todos lo asumen, pero por décadas estaba casi prohibido mencionar el género en las casas editoras. “Ofrecí el material a varias editoriales de la Argentina, pero ninguna quiso publicarlo, así que me desanimé. A los meses de subir los textos a mi blog, una chica española me contactó. El texto le gustaba y conocía a una editora a la que le mostró el blog y pronto me llegó una oferta desde España”, recuerda la escritora argentina Fabiana Peralta, que este mes presentó Seducción, su primera novela editada por Planeta.

“En Europa está el auge de la literatura erótica: tienen la mente un poco más abierta que los latinoamericanos, que recién nos animamos a escribir sobre nuestras fantasías”, asume Mariel Ruggieri, que también se inauguró en el rubro con Entrégate, de la misma editorial. Para ambas, la felicidad llegó de la mano del éxito de sus textos en las redes sociales: eso y el ingenio las catapultaron desde el anonimato.

“Me metía en el Facebook de E.L. James y les decía a sus lectoras que estaba escribiendo algo de ese estilo. Ahora las chicas me escriben por privado para contarme sus historias y suelen dar detalles: a veces me impresiono de las cosas que leo. Igualmente no podría escribir en el género romántico, lo mío es la erótica y hay mucho de autobiográfico”, confiesa la prolífica Ruggieri, que terminó su libro en sólo dos meses y tiene otro listo. “Antes la novela erótica tenía más morbo: ahora proponemos una historia de amor”, se diferencia Peralta, un ama de casa que se descubrió con el nido vacío cuando sus dos hijos mayores formaron sus familias y decidió escribir un blog donde volcó algunas fantasías que rápidamente interesaron a miles de seguidoras. Su libro ya sumó su segunda edición en España.

En la necesidad imperiosa de captar nuevos lectores, el elemento determinante para dar el paso hacia las letras calientes fue la penetración en la intimidad que facilitó Internet, un mundo que da acceso a contenidos sexuales sin temor a ser vistos. La fórmula se basa en el fuerte de las escritoras: las redes sociales, donde testean el material con las futuras compradoras. “Doy adelantos del libro y las chicas me orientan sobre qué tiene que pasar con los personajes: casi siempre me urgen para que apure el encuentro sexual”, define Peralta.

“La gente forraba las tapas de sus libros para poder leerlos sin vergüenza, eso ya no pasa, aunque todavía falta que los hombres se animen a aceptar que también nos leen: las lectoras me cuentan que sus maridos les piden sus libros”, dice entre risas Ruggieri, portadora de una historia personal de novela. Se casó muy joven y tuvo a su hijo, hoy adolescente. Se separó y trabajando en un banco quebrado de Uruguay conoció a su esposo, ex futbolista uruguayo, de pasar considerable, con el que se casó, aunque ella prefiere mantener la vida en casas separadas. “Convivimos solamente en una casa de fin de semana que compramos entre los dos”, cuenta como si tal cosa.

Para sumar lectoras, los textos proponen una tradicional historia de amor en la que pronto se incorporan relatos de sexo explícito. Las nuevas voces femeninas de la prosa erótica eligen a mujeres comparables con víctimas de las circunstancias, que afirman cosas como “si pudiera te besaría hasta la voz” (Seducción) y que consiguen concretar sus sueños, descubriéndose valientes en el camino. Casi un gesto de refundación en su maltrecha femineidad. “Cuando compartís tus fantasías, también las perdés”, se lamenta Ruggieri, que planea publicar una historia más y retirarse. “El tema sexual sigue siendo tabú, no es fácil para una mujer que después tiene que volver a trabajar al banco, porque algunos compañeros se confunden”, asume la uruguaya.

Según un relevamiento de la cadena Yenny, entre “los 10 de arriba” de ficción, la mitad de los títulos son de literatura erótica. En el rubro, lo admiten, hubo un antes y después de E.L. James. Desde su llegada, las ventas no cesan; pero además de sumar lectoras, el mundo de las fantasías femeninas trasladadas al papel tiene nuevas formas de expresión. “Poner mis deseos en papel es un trampolín –admite Ruggieri–, debe haber algo en mí masoquista o sumiso, porque me fue muy fácil contar esta historia de amor tan turbulenta, y al terminarla ya estaba pensando en la siguiente. Es casi natural la escritura y me entusiasmó más saber que mis seguidoras me la reclamaban”.

También en las ventas online la erótica gana una pulseada titánica. Tanto Amazon como Telematika develan en sus rankings de novelas de ficción que el género comparte espacios privilegiados con pesos pesados como Isabel Allende o Dan Brown. Y las mujeres como James se dan el lujo de vender la última parte de su trilogía a 189 pesos, diez pesos más que la última novela de Mario Vargas Llosa.

Lo que queda por verse es si el fenómeno se limita a una cuestión de género. “Yo escribo para que me lean todos, lo mío es la erótica y no me avergüenzo de eso. Sé que las mujeres que nos leen fantasean y está bien, no me molesta”, provoca Ruggieri. Desde sus tapas, la estética del género grita “esto es para mujeres”. Piernas, stilettos rojo pasión y siluetas acompañan la potencia de títulos que aluden al goce, la seducción y la entrega. “La erótica es popular –define Peralta–. Es eso que antes se reprimía y ahora es explícito, aunque yo trato de contarlo con sutileza porque lo que se ve en los medios en la vida diaria es casi ordinario”.

La retórica del género erótico no es nueva ni necesariamente chabacana. Antes, cuando el poder de la tinta y el papel lo hegemonizaban los hombres, en 1928 el reconocido filósofo Georges Bataille se dio el lujo de escribir Historia del ojo, un relato plagado de semen, orina y sangre. Hoy las mujeres han vuelto a tomar el poder de la palabra sobre sus propias fantasías.

El mundo editorial, ávido de pingues negocios, ha reverdecido con esta astuta mercantilización de un “destape” que no es, en realidad, otra cosa que un cosquilleo en las inacabables fantasías sexuales reprimidas de los lectores y,  aún más, de las lectoras, a quienes la ubicua y burda pornografía no satisfacía.

Fuente: Florencia Guerrero, Revista Veintitrés

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