Filósofos de cabecera

w_rubik-cube-headUn puñado de filósofos encontró en las asesorías personales un nuevo significado práctico a su ciencia. Hoy, tres décadas después, son parte del paisaje social a que estamos acostumbrados.Algunos de los desequilibrios humanos -aseguran- están mal clasificados como “problemas mentales” y requieren en rigor, una revisión más espiritual. Así surgen los asesores filosóficos, terapeutas de la vida que dejando de escarbar en el pasado del paciente y obviando antidepresivos, colaboran en superar problemas existenciales.

Dialogar con un asesor y leer a filósofos como Descartes, Platón, Spinoza y Heidegger puede hacer mucho más que seis meses de terapia con sicólogos o siquiatras. Eso es al menos lo que plantean los asesores filosóficos, un nuevo grupo de profesionales clasificados dentro de las terapias alternativas que ya son reconocidos en Estados Unidos, Alemania y en España. En Chile, hay un consultor filosófico veterano,  que desde 1999 cuenta con consulta propia.

La filosofía fue concebida como un arte de vida, práctica y útil para las personas. De hecho, los filósofos eran asesores políticos hasta que en la Edad Media, el cristianismo la confinó al ámbito académico.

En el siglo XVI y XVII vino un nuevo golpe: la modernidad generó una división del trabajo en el que la filosofía se encargó de problemas como la fundamentación de las ciencias y otros relacionados con el orden general. “Era el tiempo en que se generan los derechos humanos, la democracia; había toda una pelea ideológica que armar para la modernidad y los filósofos se dedicaron por completo a eso”, explica el doctor en filosofía y consultor filosófico chileno, Aldo Calcagni.

Así, lo que era tradición de la filosofía, “el contacto, el resguardo de la sabiduría del vivir quedó postergado” hasta que a fines del siglo XIX lo retoma la sicología pero desde el modelo de la medicina en una relación de terapeuta-enfermo.

filosofoSin embargo, dice Calcagni, hoy que estamos en otro momento de la historia. “Se nos plantean de nuevo cuestionamientos del sentido de la vida en que las respuestas no son tan obvias y en las que los antidepresivos no le dan sentido a la vida”. Renace entonces, en gloria y majestad, la filosofía.

Una hora con el filósofo

Los asesores filosóficos plantean recuperar la utilización práctica de la filosofía a través del diálogo. Para ellos, parte de las dificultades por las que pasan las personas no son patologías mentales a tratar por sicólogos o siquiatras, sino que se trata de ideas erradas sobre sí mismos, conflictos de valores que limitan pero no son enfermedades.

Desde España, Mónica Cavallé, presidenta de la Asociación Española para la Práctica y el Asesoramiento Filosófico (Asepraf) explicó a La Nación que más que terapia con modelo clínico para tratar una enfermedad, el trabajo de los filósofos de cabecera es “una modalidad de asesoramiento por la que un filósofo entrenado acompaña al consultante en una reflexión dialogada que contribuya a clarificar sus dificultades, preguntas significativas o retos vitales, desde una perspectiva existencial y filosófica”.

Según Cavallé con este asesoramiento se pueden abordar distintos problemas con raíz filosófica: “dilemas éticos (actuar bien o mal), dudas generadas por el derrumbe de la anterior forma de pensar, dificultad para dotar de significado y dirección a la propia vida, dudas vocacionales, dificultad para afrontar realidades existenciales como la enfermedad o la muerte, la sensación de vacío o de futilidad, problemas de relaciones, entre otros”.

¿Cómo es una sesión?

De acuerdo a la explicación de Cavallé, en una sesión es el propio asesorado el que decide el tema a indagar. “El asesor ayuda, mediante preguntas e indicaciones adecuadas a que el consultante descubra y recapacite críticamente acerca de aquellas nociones sobre sí mismo y sobre la realidad que están en la base de las dificultades o situaciones planteadas”, sostiene. Para esta “indagación”, no es necesario un análisis de la historia del cliente. A veces, se recomiendan lecturas y se exploran teorías filosóficas para ilustrar o enriquecer las conclusiones a las que el consultante está llegando por sí mismo, o cuando éste lo pide.

La idea, insiste Cavallé, es que a través de estas conversaciones el cliente se libere “de todos aquellos supuestos a los que no ha llegado por sí mismo y que, por lo tanto, roban libertad y autenticidad”.

Los resultados que ha obtenido Cavallé han sido tan satisfactorios que no han hecho más que reforzar su confianza en la utilidad y conveniencia de esta actividad.

Aldo Calcagni trabaja con talleres y consulta privada. En este último espacio explica que “la conversación es diferente, con dos o tres sesiones para resolver” en las que se conecta al consultante con el problema y la realidad. En un primer acercamiento “se conecta con el tema y se analiza por qué llegó a ser un problema”. En las que siguen se revisa por qué no se encuentra solución hasta que llega la iluminación, una respuesta a la que se llegó con la ayuda del filósofo más algunas lecturas específicas.

Filosofía made in USA

Luo Marinoff es también asesor filosófico y ha escrito varios libros al respecto, como Más Platón y Menos Prozac y Pregúntale a Platón. Aunque no es el máximo representante de la terapia filosófica o filosofía clínica, es uno de los más conocidos gracias a su relación mediática.

“Al asesor filosófico no le interesan sus traumas de la infancia, sino cómo puede plantear usted la resolución de sus problemas a partir de ahora” ha explicado en algunas entrevistas.

Según Marinoff, la diferencia entre filósofos y sicólogos radica en que el segundo llega a conclusiones del tipo “lo que te ocurrió en el pasado, repercute hoy en tu presente”, lo que claramente sirve de excusa para no hacer nada. El filósofo, busca que el paciente actúe y adopte sus propias decisiones.

Según Marinoff no sólo las preguntas trascendentales como quiénes somos y hacia dónde vamos, tienen solución con los filósofos de cabecera. También es utilizada para combatir la rutina en el matrimonio, el hostigamiento laboral y conflictos con los hijos.

Fuente: La Nación (Chile), 2004

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