Archivo de la categoría: Cuentos

En la estepa

En la estepa

Cuento de Samanta Schweblin

No es fácil la vida en la estepa, cualquier sitio se encuentra a horas de distancia, y no hay otra cosa más para ver que esta gran mata de arbustos secos. Nuestra casa está a varios kilómetros del pueblo, pero está bien: es cómoda y tiene todo lo que necesitamos. Pol va al pueblo tres veces por semana, envía a las revistas de agro sus notas sobre insectos e insecticidas y hace las compras siguiendo las listas que preparo. En esas horas en las que él no está, llevo adelante una serie de actividades que prefiero hacer sola. Creo que a Pol no le gustaría saber sobre eso, pero cuando uno está desesperado, cuando se ha llegado al límite, como nosotros, entonces las soluciones más simples, como las velas, los inciensos y cualquier consejo de revista parecen opciones razonables. Como hay muchas recetas para la fertilidad, y no todas parecen confiables, yo apuesto a las más verosímiles y sigo rigurosamente sus métodos. Anoto en el cuaderno cualquier detalle pertinente, pequeños cambios en Pol o en mí. Seguir leyendo En la estepa

Los muertos

Los muertos

Cuento de James Joyce

Lily, la hija del encargado, tenía los pies literalmente muer­tos. No había todavía acabado de hacer pasar a un invitado al cuarto de desahogo, detrás de la oficina de la planta baja, para ayudarlo a quitarse el abrigo, cuando de nuevo sonaba la quejumbrosa campana de la puerta y tenía que echar a correr por el zaguán vacío para dejar entrar a otro. Era un alivio no tener que atender también a las invitadas. Pero Miss Kate y Miss Julia habían pensado en eso y convirtieron el baño de arriba en un cuarto de señoras. Allá estaban Miss Kate y Miss Julia, riéndose y chismeando y ajetreándose una tras la otra hasta el rellano de la escalera, para mirar abajo y pre­guntar a Lily quién acababa de entrar. Seguir leyendo Los muertos

Bautismo de fuego

por Mijaíl Bulgákov

Rápidamente pasaron los días en el hospital de N. y yo comencé poco a poco a acostumbrarme a mi nueva vida.
En las aldeas continuaban agramando el lino, los caminos seguían estando intransitables y a la consulta no venían más de cinco personas cada día. Las noches las tenía completamente libres y las dedicaba a poner en orden la biblioteca, a leer los manuales de cirugía y a tomar té, larga y solitariamente, junto al samovar. Seguir leyendo Bautismo de fuego

Durmiendo sobre la Tierra

por Nguyen Thi Am

Era en las callejuelas, cerca de las estaciones de trenes, donde se reunían los sin techo. Allí se ganaban la vida honesta y deshonestamente. Honestamente, como cargadores, transportadores de cubetas de agua y conductores de bicicletas. Las profesiones deshonestas son demasiado numerosas para mencionar. A los sin techo también les gusta apostar. Los hombres jugaban ba cay y to tom o a los dados. Para las mujeres estaban las cartas. Los sueños nacidos de esos juegos aplastaban las ilusiones que la vida tenía para ofrecerles. No estaban equivocados. Seguir leyendo Durmiendo sobre la Tierra

Destino

w_Wengiermanpor Juan Carlos Wengierman
Nahariya, Julio 2014

Era mi último viaje. De eso estaba seguro. No me imaginaba como iba a ser mi encierro en la pirámide después de tantos años hasta que me llegara la muerte. Estaba irremediablemente condenado y perdido. Debía morir luego del tiempo, en que el encierro me tragara hasta un abismo negro y profundo. No volver a sentir el sol en mi piel ni tampoco a mi hermosa novia que quedaba junto a Nefertiti, porque habian decidido que ella debía permanecer en su cámara. Seguir leyendo Destino

Concurso Literario – Cuentos

BPP-100-01La Biblioteca Popular de Paraná, Entre Ríos, Argentina,  lleva a cabo una nueva edición de su Concurso Literario en el género Cuentos Breves.

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No tenía lunares

Cuento de Mario Benedetti

1.

La otra cabeza en la almohada. Rafael mira hacia arriba, rígido. Cuando despierte no sabrá dónde se halla. Luego ella dirá. «Querido», y todo volverá a su cauce. Esta horrible posición le produce cansancio en los tobillos. Anoche di. Ni pensar en moverse. Ni pensar en nada que pueda despertarla. Entonces ella empezaría con sus empalagosos mimos matinales y se acabaría la sensación de reposo, esta especie de coherente aproximación a sí mismo. Anoche dijo: Nadie puede saberlo, nunca. Pasa un carro del mercado. Los únicos ruidos del mundo. Los ronquidos y el carro. ¿Nadie puede saberlo? Cuatro moscas recorren los párpados de Carlitos dormido. Vamos por partes. Ella no quiere que venga Francisco. Sin embargo.
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